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Ibiza es una isla mágica

Y un regalo que no todo el mundo es capaz de disfrutar. Ahora que ha pasado el verano y se aleja la vida de clubbers, Ibiza se dispone a pasar un nuevo invierno donde ya nada se parece a lo visto y vivido durante julio y agosto. Se acerca la época de matanzas, sofrit payés y domingos acompañados a la mesa por tranquilos comensales. La gente se relaja y eso se nota en el día a día. Es una isla distinta, sin agobios, sin atascos, perfecta para acojer el mejor descanso y relax. Figueretas es un paseo familiar, playa d’en Bossa se ha convertido en un lugar solitario y los hoteles de Ibiza han cerrado sus puertas casi en su totalidad. Aún quedan unos cuantos, los que quedan pendiente de un turismo que gusta disfrutar del sol y la playa. Un lugar destinado para quienes cierran los ojos y sólo quieren oir el rumor del mar. Porque ni los chiringuitos abren ya sus puertas.

En algunas playas quedan sitios abiertos. Son sitios para españoles, para que nos vamos a engañar. Aquí ya no queda más guiri salvo los que siembran patatas en su huerto. La vida discurre a un ritmo más parecido al de un pequeño pueblo que al de un núcleo turístico de los más importantes de Europa. Cala Tarida, cala Vadella, es Xarcu, Cala Moli, Cala Llenya, Cala Bassa, Niu Blau. Puedes pasear por las salinas y escuchar el ladrido de un perro a kilómetros de distancia. Ya empieza a oler a chimenea. Puedes alquilar un coche barato, pero barato de verdad. Las carreteras son auténticos desiertos por donde no pasan más que lugareños. Ojo con las gasolineras, que tampoco permanecen abiertas toda la noche. Ni hay gente por las calles a partir de según que horas. Porque en esta época, Ibiza vive a un ritmo distinto. Ibiza es más auténtica que nunca.

Un regalo para la historia

Que Ibiza es Patrimonio de la Humanidad no es algo nuevo, pero sí desconocido. El gran recinto de Dalt Vila, la ciudad amurallada es uno de los lugares galardonados con este regalo. No sólo su muralla renacentista, también el interior con numerosos templos religiosos y casas del siglo XVII y XVIII. No es el único patrimonio dentro de la propia ciudad. Fuera del recinto también nos encontramos con una necrópolis púnico-fenicia sin comparación posible y en perfecto estado de conservación. Los motivos de esta conservación a pesar del desarrollo urbanístico ha sido principalmente la falta de interés sobre esta isla hasta la llegada del turismo en el siglo pasado. A principios de este siglo, y viendo las posibilidades culturales que ofrecía para ese otro turismo, han comenzado a investigar en profundidad cada rincón esperando encontrar ese tesoro escondido.

Pues la investigación ha empezado a dar frutos. Y de qué manera. Ibiza tuvo durante mucho tiempo su propio castillo, un edificio sobre el acantilado del puerto con un perfecto dominio del mar. No hace mucho se decidió convertir el castillo en parador nacional. Pero en Ibiza, cada vez que levantas una piedra, encuentras otra. No hay edificio que no sufra retrasos en su construcción por haber desenterrado restos antiguos. Y mientras más elevado se encuentre, más posibilidades de encontrar restos arqueológicos.

Y el castillo no iba a ser menos. Bajo el suelo se ha descubierto un posible templo de época romana o vándala. Posible templo porque no se ha podido concretar aún la utilización del edificio al no tener comparación posible con cualquier otro tempo de la historia antigua. Aún falta por estudiar y desenterrar el interior del castillo, pero por ahora se han encontrado gradas a los lados, algo realmente raro. Se sabe de su construcción, y mucho más de su desmantelamiento, en época árabe. Pero lo cierto y verdad es que podría tratarse de cualquier tipo de edificio de orden civil o religioso. Desde un templo a una basílica. Sólo las excavaciones pendientes podrán arrojar más luz a este regalo para la historia.